El libro de texto

Sobre la mala prensa de los libros de texto

El libro de texto no goza de buena prensa. Es más, puede que cada día se encuentre más desprestigiado. Entre otras razones por la irrupción en las aulas de las nuevas tecnologías. También por la creencia de que el profesor es el responsable de desarrollar los contenidos que su alumno debe adquirir. Con frecuencia, además, sobre todo cuando se inicia el curso, pueden leerse u oírse numerosas críticas en su contra: por su precio, calidad, utilidad… La mayoría de las veces las críticas son negativas. 


Pero volvamos a las críticas negativas. Algunas pueden ser razonables, otras discutibles. Las hay, sin embargo, que carecen de todo fundamento. Entre estas últimas, la que pretende que, en ocasiones, el libro de texto funcione como cuaderno (material fungible). Esto obligaría a los estudiantes a escribir en ellos y, por consiguiente, no podrían reutilizarse. De este modo, el beneficio de las editoriales se incrementaría. Si fuera cierta esta acusación, desde luego sería así, pero en los libros de texto no puede escribirse. Está prohibido precisamente para que puedan ser reutilizados. Hay más críticas, pero no merece la pena detenerse en ellas. Será más productivo intentar saber qué tienen de bueno estos materiales que con tanta asiduidad sufren estos ataques y, también, si realmente deben permanecer en las aulas.

Lo que ofrece el libro de texto

Yo creo que sí hay que emplearlos. Hay que estudiar contenidos, memorizar algunos y el papel en esto parece proporcionar ciertas ventajas. Con lo de memorizar no pretendo que el aprendizaje sea solo memorístico ni mucho menos, debe ser significativo y debe implicar la reflexión por parte del alumno, el desarrollo de su espíritu crítico, convertirlo en buen ciudadano, etc. Pero no hay que desdeñar un conocimiento básico. ¿Qué espíritu crítico puedo tener si mi saber es nulo? Si algo bueno aportan los libros de texto es precisamente la inclusión de los contenidos mínimos que cualquier persona debe poseer, el saber que la comunidad educativa considera como un saber básico común e imprescindible. En su elaboración participan números especialistas, lo que garantiza una calidad mínima más que aceptable en la mayoría de los casos. Y, por poner solo un ejemplo, evita al profesor una labor y un tiempo ingentes, que puede dedicar a una atención más personalizada a sus alumnos.

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