Libro recomendado: Paradero desconocido

En 1932, pocos meses antes de que los nazis alcanzaran el poder, dos amigos íntimos residentes en San Francisco, donde regentan una galería de arte, se separan. Uno de ellos vuelve a su país de origen, Alemania. El otro, judío, sigue en California. La correspondencia hace que permanezcan en contacto, pero en ella quedará reflejado el drama que se prepara en Europa, la tragedia que finalmente la asoló.   

Paradero desconocido (1938), de Kathrine Kressmann Taylor (1903-1996), es una lectura imprescindible, de esas que debieran ser obligatorias en todos los centros de enseñanza secundaria. Es una joya literaria que invita a la reflexión. Deja constancia de hasta qué punto el ser humano es manipulable, limitado. Si se nos hace creer que somos distintos, especiales, superiores, más lo que sea que los demás, terminaremos por asumirlo como verdadero. Y si somos más y mejor de todo eso que el otro, ese otro terminará por convertirse en nuestro enemigo, en un virus peligroso para nuestra sociedad, en algo molesto. Ese otro, además, impedirá que demos lo mejor de nosotros mismos, que mostremos nuestra mejor versión. En este sentido, el nacionalismo de cualquier índole se convierte en una de las peores enfermedades que podamos imaginar. Deberemos estar prevenidos, mucho. El nacionalismo despierta nuestra vanidad, nuestro egoísmo, nuestros sentimientos y pasiones más bajos, porque el fin justificará lo que sea que hagamos por muy injustificado que sea cuando pueda ser analizado con cierta perspectiva.

De una sentada, pocos lectores necesitarán más tiempo, se lee Paradero desconocido. Nos sentiremos enfadados con nosotros mismos, porque en más de una ocasión habremos querido sentirnos parte de ese grupo elegido que creemos mejor (¿superior?) a sabiendas de nuestras carencias más que manifiestas. También nos sublevará comprobar –qué contradictorios somos– qué poco necesita el nacionalismo para dominar nuestra voluntad, para convertirnos en seres irracionales.