Yo no tenía una granja a los pies de las colinas del Ngong

África siempre me atrajo

Yo no tenía una granja a los pies de las colinas del Ngong. A lo sumo ganas e ilusión de recorrer los caminos de África. También las tenía en mi cabeza y corazón.

África siempre me atrajo. Desde joven leía todo lo que caía en mis manos sobre este continente. Claro, todo era información impresa. Era un adolescente y, según lo que leyera, así quería ser. Cuando cayó en mis manos la revista Aguiluchos, de los misioneros combonianos, que inició su andadura un mes antes de nacer yo, quise ser misionero. Leyendo las aventuras de Corto Maltés y sus viajes por la costa oriental de África, deseé ser aventurero y esto se me quedó muy marcado.

La aventura me apasionaba y, tal como la dibujaba y escribía Hugo Prat, me envolvía. Con estas historias de Corto Maltés se anclaron en mí las ganas de visitar África. Más todavía para satisfacer mis ansías de saber y sabiendo que la lectura es el lugar donde mejor se aprende y desde donde mejor se viaja cuando no tienes posibilidad ni tiempo, fueron cayendo en mis manos una serie de libros que me hacían estar, casi, en África.

Los libros que despertaron una pasión

Así fui leyendo Ébano, de Kapuściński; El Nilo Blanco, de Alan Moorehead; de Heródoto leí El periplo de Hannon por la costa Atlántica. Con el libro El Sueño de África, de Javier Reverte, pasé ratos maravillosos que me llevaron a leer, posteriormente, casi todos sus libros. De Cees Noteboon, su maravilloso libro Hotel Nómada, donde leemos: «Sigo construyendo mi hotel, ese inexistente edificio que solo existe en mi cabeza, el hotel del mundo próximo y lejano, de la ciudad y del silencio, del frío y del calor». Cuánto debo a estos autores y a sus libros.

Hice la carrera de Historia en la Universidad Complutense. El siglo XIX era para mí muy atrayente y, dentro de este, el apartado del Imperialismo, de la ocupación de África por el hombre blanco. No es el momento ni el lugar de entrar a debatir sobre cómo fue esta conquista y sus consecuencias, todos las sabemos. Pero el estudio de este siglo se me quedó cojo, corto a mis ansias de saber en la universidad. Aprendí muchísimo más sobre colonización e imperialismo leyendo los libros que he reseñado anteriormente que en mis años en la universidad. Claro, también era más mayor y mis intereses estaban más centrados.

Finalmente conocí África

Los caminos de la vida de cada uno son muy raros, algunas veces inescrutables, difíciles de entender, pero el caso es que algunas veces se enredan de tal manera que te ponen en la rampa de salida para hacer lo que tú quieres y sin proponértelo. Así me ocurrió a mí con viajar a África. Una apuesta entre amigos acabó con un viaje a Tanzania. Todo empezó por un debate del libro de Javier Reverte, que narra la actuación del hombre blanco por la costa oriental y su viaje por esta. El caso es que tres amigos nos vimos haciendo parte de ese recorrido siguiendo los pasos de Javier Reverte. En años posteriores he visitado gran parte de África del Sur, Marruecos, Egipto y Guinea Ecuatorial.

Decía antes que algunas veces los caminos son inescrutables y, en el caso de Guinea Ecuatorial, más todavía. Un buen día, desde el Ministerio de Educación, se me ofreció la posibilidad de elaborar unos libros de Historia para alumnos de bachillerato de este país. Así me puse manos a la obra y elaboré el manual de Historia de África y Guinea Ecuatorial para el nivel de Primero de Bachillerato. La elaboración de este libro me permitió profundizar en la historia de África desde sus tiempos remotos a nuestros días y, más concretamente, en la Historia de Guinea Ecuatorial, a la vez que visitar varias veces este país y conocer gran parte de su territorio y sus gentes.

En Duruelo a 21 de junio de 2017

Gregorio San Juan Asenjo para APYCE

«Nómadas somos todos porque el origen de la existencia es el movimiento: por eso el viaje es una experiencia que no tiene fin. Solo tenemos que aprender a no temerla».

Aguiluchos

La revista Aguiluchos, surgida en enero de 1957, está dirigida a niños y adolescentes. Tiene como finalidad dar a conocer el mundo misionero. Se publican once ejemplares al año. El número de septiembre consiste en una agenda escolar con una amplia difusión en los colegios.


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