Por una pedagogía de la modestia escolar

Los delirios de la escuela totipotent

La educación escolar se encuentra bajo el primado de una sobreabundancia simbólica que, gestionada por una nómina de expertos ajenos a la praxis escolar real, exigen a la escuela lo que esta no puede cumplir: la utopía de una convivencia sin contradicciones, capaz de reconciliar a la par todas las exigencias sociales con todas las expectativas individuales. Es el delirio de la escuela totipotente (ET)

La ET se actualiza en una serie de retóricas –retórica de la integración, retórica de la motivación, retórica de la interdisciplinariedad, retórica de la consignación totalitaria del proceso educativo–, que hacen de la escuela el escenario de la solución ritual, y esencialmente inútil, de las exigencias que la atraviesan, consagrando así la impotencia de la política. La ET resuelve en lo simbólico lo que la política fracasa en su praxis institucionalizada. La ET es, en la forma y en el fondo, la tumba de la política o, si se prefiere, su única esperanza, que viene a ser lo mismo.

Pero ni existe una ciencia de la educación capaz de dar respuesta algorítmica a todas las demandas educativas, ni la escuela puede desarrollar su tarea ubicada en un espacio simbólico que ignora las contradicciones sistémicas, tanto internas como externas, que rodean su praxis. Internas, porque la lógica de la integración universal no es la lógica de la selección meritocrática; externas, porque la lógica de la escuela no es la lógica de la familia, ni la del mercado, ni de la tecnología, ni la de la democracia.

Por una escuela sin delirios

Frente a los delirios de una escuela totipotente, que exige el correlato imposible de un docente omnipotente, es necesario volver a una escuela gestionada en el marco de la modestia de sus objetivos, la generosidad de sus recursos, la conciencia de sus limitaciones y contradicciones, y el compromiso profesional de sus protagonistas –que debe incorporar la autocrítica institucionalizada de su praxis profesional– y la cautela ante sus logros.

Solo una pedagogía de la modestia escolar permite, por un lado, la restauración de la política como actividad privilegiada de configuración de la realización comunitaria y, por otro, la desdramatización del fracaso escolar, que no es lo mismo, ¿habrá que recordarlo?, que el fracaso educativo y que el fracaso personal.

Esta relativización metodológica del «fracaso escolar» es una herramienta imprescindible para enfrentarse a la creciente y muy preocupante tendencia a su patologización psiquiátrica de la mano de las patologías de la atención. Y es que la medicalización educativa es el eslabón definitivo y sin duda más preocupante del delirio, este sí patológico, de la ET.

Contra una pedagogía de la retórica escolar, una pedagogía de modestas realidades.

Más educación, más política y menos escuela.

Resumen de De la escuela y su delirios, de Javier Pérez Carrasco para APYCE

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